martes, 15 de setiembre de 2009

Desde mi ventana ...


Me levanté temprano por los ruidos de la persistente construcción que se encuentra a unos escasos metros de donde vivo. Fui a observarla a través de mi ventana. La inmensidad del nuevo edificio del hotel Westein libertador, me deja completamente deslumbrada. Se encuentra inmóvil e imponente frente a mí, erguida como una modelo que desfila en una pasarela.


Yo, situada en un edificio no tan elevado, soy capaz de ver los techos de las casas de los vecinos ubicadas en mi misma cuadra. En éstos se encuentran una infinidad de desperdicios, como basura y ropa colgada en cables. Las palomas grises nunca faltan, ellas se tratan de escapar volando rápidamente de los gatos que creen jugar con ellas como niños en el parque.


Por otro lado, suelo fijarme en cada una de las personas que transitan por las veredas que se encuentran justo debajo de mi ventana. Las observo y vigilo detenidamente, ellos no me ven. Me siento como una detective, una espía secreto que recoge todo tipo de información relevante acerca de ellas.


Sigo observando, pero esta vez lo hago al extraño atardecer soleado de una tarde de invierno. Los rayos iluminan al cartel de telefónica, y por un momento no sé porqué, me siento feliz.

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